Día Internacional de las Lenguas de Señas: no se trata solamente de comunicarnos, sino de reconocer derechos, identidad y dignidad.
Hay palabras que se pronuncian con la voz.
Hay otras que se escriben.
Y hay palabras que se expresan con las manos, con el rostro, con el cuerpo y con una mirada.
Son las palabras de las lenguas de señas.
Cada 23 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de las Lenguas de Señas, una fecha que nos invita a reconocer algo fundamental: las lenguas de señas no son una forma improvisada de comunicación ni un conjunto de gestos. Son lenguas naturales, completas y con su propia estructura.
Y reconocerlas significa reconocer también a las personas que las utilizan, su identidad, su cultura y sus derechos.
Una lengua, no solamente unas señas.
Cuando hablamos de lengua de señas, todavía existen personas que piensan que se trata simplemente de hacer movimientos con las manos para representar palabras. No es así.
Las lenguas de señas son idiomas naturales, con estructuras propias y diferentes de las lenguas habladas.
Además, no existe una sola lengua de señas en todo el mundo.
La Federación Mundial de Sordos señala que las personas sordas utilizan más de 300 lenguas de señas diferentes. (Naciones Unidas), esto nos permite comprender algo muy importante: hablar de lengua de señas también es hablar de diversidad lingüística y cultural.
Por eso, cuando una sociedad reconoce una lengua de señas, no solamente está facilitando la comunicación. Está reconociendo una manera de comprender, expresar y participar en el mundo.
El derecho a comunicarnos también es un derecho humano.
Imaginemos por un momento que una persona con discapacidad auditiva llega a una escuela, a un hospital, a una oficina pública, a una universidad o a un tribunal y nadie puede comunicarse con ella. El problema no está en la persona, el problema está en las barreras que encuentra. Por eso, hablar de lenguas de señas es hablar de derechos.
La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce y promueve el uso de las lenguas de señas y establece que tienen el mismo estatus que las lenguas habladas. También señala la importancia de facilitar su aprendizaje y promover la identidad lingüística de las personas sordas. (Naciones Unidas).
Esto cambia completamente la perspectiva:
No estamos hablando de un favor.
No estamos hablando de una concesión.
No estamos hablando de “ayudar” a una persona sorda.
Estamos hablando de garantizar un derechos.
La inclusión comienza desde la infancia.
El acceso temprano a una lengua de señas puede ser fundamental para el desarrollo de una niña o un niño sordo. La educación también debe ser accesible. Pero accesibilidad no significa únicamente tener una rampa, un elevador o un espacio físico adecuado. También significa poder entender y ser entendido.
Una escuela verdaderamente inclusiva debe preocuparse porque sus estudiantes puedan aprender, participar, convivir y expresarse.
La Organización de las Naciones Unidas ha señalado que el acceso temprano a la lengua de señas y a servicios en esta lengua, incluida una educación de calidad, es fundamental para el crecimiento y desarrollo de las personas sordas. (Naciones Unidas)
Por eso, la inclusión educativa no puede quedarse solamente en el discurso. Debe poder verse. Debe poder escucharse. Y, para muchas personas sordas, también debe poder verse en las manos.
Una fecha para recordar algo que no debemos olvidar.
El 23 de septiembre fue elegido porque ese día, en 1951, se fundó la Federación Mundial de Sordos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó oficialmente esta fecha como el Día Internacional de las Lenguas de Señas en 2017, y la primera conmemoración tuvo lugar en 2018. (Naciones Unidas)
Desde entonces, cada 23 de septiembre representa una oportunidad para generar conciencia sobre la importancia de las lenguas de señas y sobre los derechos de las personas sordas.
Pero una fecha conmemorativa no debe convertirse simplemente en una publicación en redes sociales. Debe convertirse en una oportunidad para preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para que las personas sordas puedan participar plenamente en nuestra sociedad?
2026: un año para hablar de derechos.
Este 2026 tiene un significado especial.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad cumple 20 años, mientras que la Federación Mundial de Sordos celebra 75 años de existencia.
El tema de este año para el Día Internacional de las Lenguas de Señas es: “Declarar los derechos humanos de las personas sordas”. (Naciones Unidas).
Y el mensaje no podría ser más claro.
No basta con reconocer que existen personas sordas.
No basta con aprender algunas señas.
No basta con colocar ocasionalmente a una persona intérprete en un evento.
Necesitamos avanzar hacia una sociedad donde las personas sordas puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.
En la escuela.
En el trabajo.
En los servicios de salud.
En la cultura.
En la justicia.
En la vida pública.
En la familia.
Y en todos los espacios donde se desarrolla la vida cotidiana.
Nada sobre las personas sordas sin las personas sordas.
Hay una frase que debería acompañar cualquier esfuerzo de inclusión: “Nada sobre nosotros sin nosotros”.
La propia resolución de las Naciones Unidas que estableció este día destaca este principio al hablar del trabajo con las comunidades sordas. (Naciones Unidas)
Esto significa que no podemos construir políticas, programas o acciones dirigidas a las personas sordas sin escuchar su voz y respetar su participación.
La inclusión no consiste en decidir por alguien qué necesita.
Consiste en escucharle.
En preguntarle.
En tomar en cuenta su experiencia.
En abrir espacios para que participe en las decisiones que afectan su vida.
Aprender una lengua de señas también puede ser un acto de inclusión.
No todas las personas tenemos que convertirnos en intérpretes profesionales. Pero sí podemos preguntarnos qué podemos hacer para disminuir las barreras de comunicación.
Podemos aprender algunas expresiones básicas.
Podemos acercarnos a la comunidad sorda.
Podemos promover que las instituciones cuenten con intérpretes cuando sean necesarios.
Podemos exigir información accesible.
Podemos incorporar subtítulos.
Podemos enseñar a nuestras niñas y niños que existen diferentes maneras de comunicarnos.
Y, sobre todo, podemos dejar de mirar la lengua de señas como algo extraño.
Porque cuando una sociedad aprende a comunicarse de diferentes maneras, también aprende a convivir con mayor respeto.
Las manos también pueden decir “aquí estoy”.
Quizá una de las mayores lecciones de este día sea comprender que la comunicación no tiene una sola forma.
Una persona puede hablar con la voz.
Otra puede hacerlo con las manos.
Otra puede comunicarse mediante la escritura, sistemas aumentativos o diferentes herramientas de apoyo.
La diversidad humana también se encuentra en nuestras formas de comunicarnos.
Y cuando eliminamos las barreras, descubrimos algo maravilloso:
no necesitamos que todas las personas se comuniquen de la misma manera para poder entendernos.
Necesitamos voluntad para encontrarnos.
Una reflexión desde HIT.
En HIT, Hagamos de la Inclusión un Todo, creemos que la inclusión no puede construirse desde la lástima. Tampoco desde la buena intención sin acciones. La inclusión se construye desde el reconocimiento de derechos, desde el respeto y desde la participación.
Este 23 de septiembre nos recuerda que una lengua puede expresarse con las manos y, aun así, transmitir ideas, sentimientos, sueños, conocimientos y derechos.
Pero también nos recuerda algo todavía más profundo: cuando una sociedad no permite que una persona pueda comunicarse, no solamente está cerrando una puerta a las palabras; está cerrando una puerta a la participación.
Por eso hoy no se trata solamente de aprender una seña. Se trata de aprender a mirar de otra manera. De comprender que las diferencias en la comunicación no deben convertirse en barreras para la educación, el trabajo, la justicia, la salud, la cultura o la vida cotidiana.
Y quizá el verdadero reto sea este:
Que llegue el día en que una persona sorda no tenga que luchar para demostrar que tiene derecho a comunicarse.
Que pueda entrar a una escuela y ser comprendida.
Que pueda acudir a un hospital y recibir información accesible.
Que pueda buscar empleo y participar en igualdad de condiciones.
Que pueda acudir a una institución pública y ser atendida.
Que pueda expresar sus ideas y que estas sean escuchadas.
Porque cuando las manos hablan, la sociedad también tiene que aprender a escuchar. Y cuando aprendemos a escuchar con respeto, la inclusión deja de ser una palabra bonita y comienza a convertirse en una realidad.
Hagamos de la inclusión un todo.
Artículo escrito por José Antonio Anguiano Cortés que se publica en el blog HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo bajo la responsabilidad del autor.
