Se llegaba la semana del día del niño en una escuela de educación primaria, todas las maestras se preparaban para festejarles a los alumnos su día, como una típica tradición mexicana.
En primer grado se encontraba escolarizado Juan Manuel, un alumno ciego de nacimiento y al igual que a los demás compañeros se le festejaría su día por parte de la maestra del aula regular.
La maestra le pidió a la profesora de educación especial que le ayudara con la organización del festejo, a lo que esta aceptó contenta.
Los alumnos asistieron a la fiesta que prepararon las profesoras, se realizaron juegos adaptados para que Juan Manuel participara y los alumnos que ganaran recibirían sorpresas, se ambientó el lugar con música para que los alumnos bailaran y finalmente romper la piñata.
La maestra de educación especial empezó a formar a los niños del más chico al más grande para que le pegaran a la piñata, a todos los niños les vendaban los ojos para pegarle a la piñata y que resultara más divertido.
Cuando le tocó el turno a Juan Manuel, el alumno ciego, la profesora de educación especial le colocó el pañuelo sobre sus ojos y la maestra del aula regular le hizo una seña que no le pusiera el pañuelo si él no podía ver.
La maestra de educación especial le comentó que Juan Manuel debe vivir la misma experiencia como los demás compañeros y de esta forma se sienta incluido en el festejo del día del niño.
Los alumnos con alguna discapacidad deben realizar las mismas actividades que los demás alumnos, adaptando aquellas que así lo requieran, excluirlos de ciertas actividades resulta muy negativo en su formación escolar.
Artículo escrito por el Doctor Ignacio Santiesteban Niebla, Doctor en Educación y Diversidad, Especialista en Ceguera y Baja Visión, Culiacán, Sinaloa, México. Marzo 2025.
