Mujeres y niñas indígenas: guardianas de la memoria, protagonistas del presente y constructoras de un futuro donde la inclusión también debe tener rostro indígena.
Hay voces que durante demasiado tiempo no hemos sabido escuchar.
Voces que hablan una lengua que quizá no entendemos, que conservan conocimientos transmitidos de generación en generación, que conocen la tierra, las plantas, las tradiciones y la historia de sus pueblos. Voces de mujeres y niñas que, a pesar de las dificultades, siguen construyendo, cuidando, enseñando y defendiendo aquello que da identidad a sus comunidades.
El 5 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Indígenas del Mundo, una fecha que busca reconocer sus derechos, su liderazgo, sus aportaciones y los desafíos que todavía enfrentan.
Y hay algo especialmente importante que debemos recordar: entre ellas también están las mujeres y niñas indígenas con discapacidad.
Hablar de ellas significa mirar una realidad que muchas veces permanece escondida detrás de otras formas de discriminación.
Porque cuando una mujer es indígena, mujer y además vive con una discapacidad, las barreras pueden multiplicarse.
Una fecha que comienza una nueva historia.
Aunque durante décadas distintas organizaciones y comunidades indígenas han impulsado el reconocimiento de las mujeres indígenas, Naciones Unidas estableció oficialmente el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Indígenas del Mundo apenas el 26 de noviembre de 2025, mediante la resolución A/RES/80/10.
La fecha elegida es el 5 de septiembre y tiene como propósito dar mayor visibilidad mundial a sus contribuciones, liderazgo y desafíos.
Esta decisión también reconoce algo fundamental: una conmemoración no debe quedarse en una fecha del calendario. Debe convertirse en una oportunidad para generar conciencia, fortalecer derechos y promover acciones concretas.
Y quizá ahí está el verdadero significado de este día.
No se trata solamente de mirar a las mujeres y niñas indígenas durante un día. Se trata de aprender a verlas durante todo el año
Y cuando una niña se encuentra en esa misma situación, esas barreras pueden comenzar desde los primeros años de su vida.
Mujeres que son memoria y futuro.
Las mujeres indígenas cumplen un papel fundamental dentro de sus comunidades.
Son transmisoras de conocimientos, lenguas, tradiciones y formas de organización. Participan en la defensa de sus territorios y contribuyen al bienestar de sus pueblos.
Pero durante mucho tiempo sus aportaciones han sido poco reconocidas.
La propia Organización de las Naciones Unidas señala que las mujeres y niñas indígenas continúan enfrentando desigualdades relacionadas con la pobreza, la educación, la salud, el acceso a la justicia, la violencia de género y la participación en la toma de decisiones.
Por eso, reconocerlas no significa colocarlas en un pedestal.
Significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo:
reconocerlas como personas con derechos, capacidades, decisiones, sueños y proyectos propios.
Y cuando aparece la discapacidad, las barreras pueden crecer.
Aquí encontramos una realidad que necesita mucha más atención.
Una mujer indígena con discapacidad puede enfrentarse simultáneamente a barreras relacionadas con su género, su pertenencia indígena y su discapacidad.
La combinación de estas condiciones puede dificultar todavía más el acceso a la educación, los servicios de salud, el empleo, la justicia, la información y la participación social.
Naciones Unidas estima que existen alrededor de 28 millones de mujeres indígenas con discapacidad en el mundo y advierte que enfrentan mayores niveles de discriminación, estigmatización y dificultades para acceder a recursos y servicios.
Esto puede traducirse en abandono escolar, desempleo, pobreza, aislamiento y una mayor exposición a diferentes formas de violencia.
Pero aquí debemos detenernos un momento.
Porque existe un enorme peligro cuando hablamos solamente de las dificultades.
Podemos terminar construyendo una imagen de la mujer indígena con discapacidad como una persona indefensa.
Y no es así.
La discapacidad puede generar barreras, pero esas barreras no definen a la persona.
Una mujer indígena con discapacidad no es solamente alguien que necesita apoyo.
Es también una mujer que puede estudiar, trabajar, formar una familia, participar en su comunidad, ocupar espacios de liderazgo, defender sus derechos, transmitir conocimientos y tomar decisiones sobre su propia vida.
La inclusión comienza precisamente cuando dejamos de ver primero la discapacidad y comenzamos a ver a la persona.
La accesibilidad también debe hablar lenguas indígenas.
Cuando hablamos de inclusión, muchas veces pensamos en rampas, elevadores, baños accesibles o tecnologías de apoyo.
Todo eso es importante.
Pero la accesibilidad es mucho más amplia.
¿Qué sucede con una mujer indígena con discapacidad que necesita información y esa información solamente está disponible en español?
¿Qué ocurre con una niña indígena con discapacidad auditiva cuando en su comunidad no existen condiciones para comunicarse mediante una lengua de señas?
¿Qué posibilidades tiene una mujer indígena con discapacidad visual si los servicios públicos no cuentan con información accesible?
¿Y qué sucede cuando, además de la discapacidad, existen barreras económicas, geográficas y culturales?
Entonces comprendemos que la accesibilidad también debe ser cultural y lingüística.
No basta con abrir una puerta si la persona no puede comprender la información que encuentra detrás de ella.
No basta con construir una escuela accesible si una niña no puede llegar a ella.
No basta con ofrecer un servicio de salud si no existen condiciones para que pueda recibirlo de manera digna y comprensible.
La inclusión verdadera exige eliminar todas esas barreras.
No necesitan que hablemos por ellas.
Quizá uno de los errores más frecuentes cuando intentamos ayudar a grupos históricamente excluidos es hablar en su nombre.
Las mujeres y niñas indígenas necesitan que sus voces sean escuchadas.
Y las mujeres y niñas indígenas con discapacidad necesitan exactamente lo mismo.
No debemos decidir por ellas qué necesitan.
Debemos garantizar que puedan participar en las decisiones que afectan sus vidas.
Esto significa abrir espacios en las escuelas, en las comunidades, en las organizaciones, en los gobiernos y en todos aquellos lugares donde se toman decisiones.
Nada sobre ellas sin ellas.
Porque la inclusión no consiste en invitar a alguien a sentarse en nuestra mesa después de haber tomado todas las decisiones.
Consiste en preguntarle qué quiere, escuchar su respuesta y reconocer que su voz tiene el mismo valor que cualquier otra.
Una niña no debería tener que vencer al mundo para ejercer sus derechos.
Hay una imagen que deberíamos llevarnos de esta conmemoración: La de una niña indígena.
Una niña que quiere aprender.
Que quiere jugar.
Que quiere descubrir el mundo.
Que quiere hablar su lengua.
Que quiere conservar las historias de su pueblo.
Que quizá vive con una discapacidad.
Ella no debería tener que demostrar que es extraordinaria para merecer oportunidades.
No debería tener que convertirse en una heroína para que respetemos sus derechos.
No debería necesitar vencer una montaña de barreras para poder llegar a la escuela.
No debería depender de la buena voluntad de alguien para recibir atención médica.
No debería ser excluida porque su forma de comunicarse, aprender, desplazarse o relacionarse con el mundo sea diferente.
La sociedad es la que debe cambiar.
Porque los derechos no son premios que se entregan a quienes logran superar todos los obstáculos.
Son derechos precisamente porque pertenecen a todas las personas.
Del reconocimiento a la inclusión.
El 5 de septiembre puede llenarse de palabras bonitas. Podemos publicar fotografías, frases, mensajes y felicitaciones. Pero una conmemoración adquiere verdadero sentido cuando modifica nuestra manera de actuar.
Podemos comenzar por algo tan sencillo como escuchar.
Escuchar las voces de las mujeres indígenas.
Conocer sus historias.
Respetar sus lenguas y culturas.
Rechazar cualquier forma de discriminación.
Exigir servicios accesibles.
Promover una educación verdaderamente inclusiva.
Defender el derecho al trabajo.
Garantizar que las mujeres y niñas indígenas con discapacidad participen en las decisiones que les afectan.
Y, sobre todo, dejar de preguntarnos qué podemos hacer por ellas y comenzar a preguntarnos qué podemos hacer con ellas.
La inclusión no puede dejar a nadie atrás
HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo nació con una idea que sigue teniendo enorme vigencia: hacer de la inclusión un todo.
Y hacer de la inclusión un todo significa comprender que no podemos hablar de igualdad si algunas mujeres quedan fuera.
No podemos hablar de derechos si una niña no puede acceder a la educación.
No podemos hablar de inclusión si una mujer indígena con discapacidad no puede acceder a la información.
No podemos hablar de participación si su voz no está presente en los espacios donde se toman decisiones.
Reflexión final: escuchar también es una forma de incluir.
Este 5 de septiembre, antes de compartir una frase sobre las mujeres y niñas indígenas, hagamos algo diferente.
Detengámonos.
Escuchemos.
Preguntémonos cuántas veces hemos hablado de inclusión sin conocer las barreras que enfrenta una mujer indígena.
Preguntémonos si nuestras escuelas, nuestros servicios, nuestros espacios de trabajo y nuestras comunidades realmente están preparados para recibir a una mujer indígena con discapacidad.
Y después hagamos algo.
Tal vez sea aprender unas palabras de una lengua indígena.
Tal vez sea acercarnos a conocer una realidad que desconocíamos.
Tal vez sea defender el derecho de una niña a estudiar.
Tal vez sea exigir información accesible.
Tal vez sea simplemente escuchar, sin prejuicios, a una mujer cuya historia nunca habíamos tenido la oportunidad de conocer.
Porque quizá la transformación no comienza cuando nosotros hablamos.
Quizá comienza cuando finalmente estamos dispuestos a escuchar.
Y cuando una mujer indígena puede hablar con su propia voz, en su propia lengua, desde su propia cultura y con plena libertad, la inclusión deja de ser un discurso.
Se convierte en realidad.
Artículo escrito por José Antonio Anguiano Cortés que se publica en el blog HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo bajo la responsabilidad del autor.
