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Cuando el cansancio no se cura con descansar.

mujer recostada su cabeza sobre unos libros, muy muy cansada, está dormida.

Encefalomielitis Miálgica Severa: la discapacidad invisible que millones de personas enfrentan en silencio.

Cada 8 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Encefalomielitis Miálgica Severa, una fecha que busca hacer visible una enfermedad de la que pocas personas han escuchado hablar, pero que cambia por completo la vida de quienes la padecen.

Vivimos en una sociedad donde el cansancio suele verse como algo normal. «Descansa un poco», «duerme más», «tómate unas vacaciones», son frases que escuchamos con frecuencia. Sin embargo, existe un tipo de agotamiento que no desaparece con una buena noche de sueño ni con semanas de reposo. Es un cansancio profundo, incapacitante y permanente que roba la energía, limita la autonomía y transforma la vida cotidiana.

La Encefalomielitis Miálgica, también conocida como Síndrome de Fatiga Crónica (EM/SFC), es precisamente eso: una enfermedad que permanece prácticamente invisible para los demás, pero que representa una batalla diaria para quienes la viven.

Mucho más que sentirse cansado.

Uno de los mayores problemas que enfrentan las personas con Encefalomielitis Miálgica – Síndrome de Fatiga Crónica es que muchas veces su enfermedad es confundida con flojera, depresión, falta de voluntad o simple estrés.

Nada más alejado de la realidad. La Organización Mundial de la Salud reconoce desde hace décadas a la Encefalomielitis Miálgica como una enfermedad neurológica. Se caracteriza por una fatiga extrema que no mejora con el descanso y que empeora considerablemente después de realizar esfuerzos físicos, mentales o emocionales, incluso si estos son mínimos.

A este fenómeno se le conoce como malestar post-esfuerzo, considerado la característica principal de la enfermedad.

Para muchas personas, acciones tan sencillas como bañarse, preparar alimentos, leer unas cuantas páginas, mantener una conversación o caminar algunos metros pueden desencadenar una recaída que dure días, semanas o incluso meses.

Cuando el cuerpo pone límites que nadie ve.

La Encefalomielitis Miálgica – Síndrome de Fatiga Crónica afecta múltiples sistemas del organismo.

Además del agotamiento extremo, pueden presentarse:

1. Dolores musculares y articulares.

2. Problemas de memoria y concentración.

3. Alteraciones del sueño.

4. Mareos al permanecer de pie.

5. Hipersensibilidad a la luz, al sonido o a determinados estímulos.

6. Cefaleas frecuentes.

7. Dificultades para realizar actividades cotidianas.

En los casos más severos, algunas personas permanecen confinadas en una cama durante años, necesitando ayuda para alimentarse, asearse o simplemente cambiar de posición.

Y, sin embargo, desde el exterior pueden parecer completamente sanas.

La discapacidad invisible.

Aquí aparece un aspecto fundamental del que pocas veces se habla.

Muchas personas que viven con Encefalomielitis Miálgica desarrollan una discapacidad que no siempre resulta evidente para quienes las rodean.

No utilizan necesariamente una silla de ruedas.

No presentan una alteración física visible.

No llevan un letrero que explique su condición.

Pero su capacidad para estudiar, trabajar, desplazarse, mantener relaciones sociales o participar en la comunidad puede verse profundamente limitada.

Esto nos recuerda que la discapacidad no siempre puede observarse a simple vista.

Las discapacidades invisibles existen y merecen el mismo respeto, los mismos derechos y las mismas oportunidades que cualquier otra condición.

Comprender esta realidad es esencial para construir una sociedad verdaderamente incluyente.

El peso de no ser creído.

Quizá uno de los dolores más profundos que enfrentan quienes viven con esta enfermedad no proviene únicamente de los síntomas.

Proviene de la incredulidad. Muchas personas escuchan frases como:

«Todo está en tu cabeza»

«Si quisieras, podrías hacerlo»

«Lo que necesitas es hacer ejercicio»

«Todos estamos cansados»

Estas expresiones, aunque a veces se pronuncian sin mala intención, terminan culpando a quien ya enfrenta una lucha diaria contra una enfermedad compleja.

La falta de comprensión genera aislamiento, ansiedad, pérdida del empleo, dificultades económicas e incluso ruptura de relaciones familiares.

Por eso, informar también es una forma de cuidar.

La inclusión también comienza creyendo.

Hablar de inclusión no significa únicamente eliminar barreras arquitectónicas, también implica eliminar barreras sociales y culturales.

Cuando una empresa permite horarios flexibles.

Cuando una escuela comprende las limitaciones de un estudiante.

Cuando una familia respeta los tiempos de recuperación.

Cuando un profesional de la salud escucha con atención.

Cuando un amigo entiende que cancelar una reunión no significa falta de interés.

En todos estos momentos estamos construyendo inclusión.

La empatía puede convertirse en el mejor apoyo para una persona cuya enfermedad permanece oculta ante los ojos de los demás.

¿Qué podemos hacer como sociedad?

No necesitamos ser médicos para generar un cambio.

Podemos comenzar por acciones muy sencillas:

· Informarnos antes de emitir juicios.

· Evitar minimizar el sufrimiento ajeno.

· Escuchar con respeto a quienes viven con enfermedades invisibles.

· Promover entornos laborales y educativos flexibles.

· Difundir información basada en evidencia científica.

· Recordar que cada persona vive su condición de manera distinta.

Pequeñas acciones pueden representar una enorme diferencia en la calidad de vida de alguien.

Una reflexión para no olvidar.

No todas las heridas se ven.

No todas las enfermedades dejan cicatrices visibles.

No todas las discapacidades utilizan una silla de ruedas, un bastón blanco o una prótesis.

Existen personas que cada mañana deben elegir cuidadosamente en qué gastarán la poca energía que su cuerpo les permite tener: si bañarse, preparar sus alimentos, trabajar unas horas o convivir con su familia. Porque saben que intentar hacerlo todo puede significar pasar varios días sin poder levantarse de la cama.

Quizá nunca sepamos cuántas personas cruzan nuestro camino cargando una batalla invisible.

Por eso, antes de juzgar, elijamos comprender.

Antes de dudar, elijamos escuchar.

Antes de etiquetar, elijamos acompañar.

Porque la verdadera inclusión comienza cuando dejamos de medir las limitaciones por lo que nuestros ojos alcanzan a ver y empezamos a reconocer la dignidad de cada persona, incluso cuando su discapacidad permanece invisible.

Solo entonces estaremos construyendo una sociedad donde nadie tenga que demostrar cuánto sufre para ser tratado con respeto.

 

Artículo escrito por José Antonio Anguiano Cortés que se publica en el blog HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo bajo la responsabilidad del autor.

 

1 comentario en «Cuando el cansancio no se cura con descansar.»

  1. Gracias por compartir este artículo tan esclarecedor, sobre una enfermedad poco conocida.
    Tenía nociones del Síndrome de Fatiga Crónica, pero desconocía su nombre correcto y lo que implica tener esta enfermedad.

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