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Dia mundial contra la hepatitis: prevenir también es incluir.

persona parada y tocándose la parte derecha dele torso por un dolor que siente, sobre la imagen esta sobrepuesta la imagen del órgano afectado que es el hígado

La hepatitis puede prevenirse, pero la indiferencia también enferma. Informarnos, vacunarnos y garantizar una atención accesible para todos también es construir inclusión.

Cada 28 de julio el mundo conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, una fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud para recordar que millones de personas viven con esta enfermedad sin saberlo y que, gracias a la prevención, la vacunación, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno, es posible salvar millones de vidas.

Cuando hablamos de hepatitis, muchas personas piensan que se trata de una enfermedad poco frecuente o que únicamente afecta a quienes tienen ciertos hábitos de vida. Sin embargo, la realidad es muy distinta. La hepatitis puede afectar a cualquier persona, sin importar su edad, condición social o si vive o no con una discapacidad.

Por ello, en HIT creemos que la mejor herramienta siempre será la información. Conocer la enfermedad nos permite prevenirla, detectar oportunamente sus síntomas y, sobre todo, evitar la discriminación hacia quienes la padecen.

¿Qué es la hepatitis?

La palabra hepatitis significa, literalmente, inflamación del hígado.

El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano.

Entre sus funciones se encuentran:

1. Eliminar sustancias tóxicas.

2. Almacenar energía.

3. Producir proteínas indispensables para el organismo.

4. Ayudar en la digestión de los alimentos.

5. Participar en la coagulación de la sangre.

Cuando el hígado se inflama, todas estas funciones pueden verse afectadas.

La hepatitis puede tener diferentes causas, aunque las más conocidas son las provocadas por virus.

Los cinco tipos principales de Hepatitis.

Existen cinco virus principales de hepatitis:

· Hepatitis A: Generalmente se transmite por alimentos o agua contaminados. En la mayoría de los casos no se vuelve una enfermedad crónica y suele resolverse completamente.

· Hepatitis B: Se transmite por contacto con sangre o fluidos corporales infectados, durante el nacimiento o mediante relaciones sexuales sin protección. Existe una vacuna altamente efectiva para prevenirla.

· Hepatitis C: Se transmite principalmente por contacto con sangre contaminada. Durante muchos años puede no presentar síntomas, pero actualmente existen tratamientos capaces de curarla en la gran mayoría de los casos.

· Hepatitis D: Solo puede desarrollarse en personas que ya tienen hepatitis B, por lo que la vacunación contra la hepatitis B también protege indirectamente contra este tipo.

· Hepatitis E: Se relaciona principalmente con agua contaminada y suele presentarse en regiones con problemas de saneamiento.

Una enfermedad silenciosa.

Uno de los mayores problemas de la hepatitis es que muchas personas no presentan síntomas durante años.

Cuando aparecen, pueden incluir:

1. Cansancio extremo.

2. Náuseas.

3. Pérdida del apetito.

4. Dolor abdominal.

5. Orina oscura.

6. Color amarillento en piel y ojos (ictericia).

Cuando el diagnóstico llega demasiado tarde, el daño hepático puede ser importante e incluso evolucionar hacia cirrosis o cáncer de hígado.

Por eso los especialistas insisten en que el diagnóstico oportuno salva vidas.

¿Qué relación tiene con la discapacidad?

Este es un aspecto del que pocas veces se habla.

La hepatitis puede generar discapacidad cuando produce daños severos y permanentes en el organismo.

Por ejemplo:

· Fatiga crónica que limita las actividades diarias.

· Complicaciones hepáticas que disminuyen considerablemente la capacidad física.

· Alteraciones neurológicas asociadas al daño hepático avanzado.

· Necesidad de trasplante de hígado y largos procesos de rehabilitación.

Pero también existe otra realidad igualmente importante. Las personas con discapacidad pueden enfrentar mayores barreras para acceder a campañas de vacunación, consultas médicas, estudios de laboratorio y programas de prevención cuando los servicios de salud no son accesibles.

Si la información únicamente está disponible en formatos impresos, una persona ciega puede quedar excluida.

Si no existe interpretación en Lengua de Señas Mexicana, una persona sorda puede no comprender adecuadamente las indicaciones médicas.

Si las instalaciones presentan barreras arquitectónicas, una persona usuaria de silla de ruedas puede incluso desistir de acudir a realizarse una prueba.

La inclusión también significa garantizar que todas las personas tengan acceso a la prevención y a la atención médica en igualdad de condiciones.

La inclusión no consiste únicamente en eliminar barreras arquitectónicas o de comunicación; también implica garantizar que todas las personas puedan acceder en igualdad de condiciones a la prevención, al diagnóstico oportuno y a los tratamientos que protegen su salud. Porque una sociedad accesible también es una sociedad que cuida.

¿Quiénes deben tener un cuidado especial?

Además de las personas con discapacidad, existen grupos de población que requieren una vigilancia más estrecha frente a la hepatitis. Entre ellos se encuentran quienes viven con diabetes, enfermedades renales crónicas, personas que reciben hemodiálisis, quienes tienen el sistema inmunológico debilitado o quienes requieren transfusiones frecuentes.

Por ejemplo, las personas con diabetes pueden presentar una mayor susceptibilidad a las infecciones y, si además desarrollan una enfermedad hepática, el control de su glucosa puede complicarse. En el caso de quienes reciben hemodiálisis, aunque hoy existen estrictos protocolos de seguridad en las unidades médicas, es indispensable mantener medidas permanentes de prevención, vigilancia y detección oportuna para reducir al mínimo cualquier riesgo de transmisión de los virus de la hepatitis.

Esto no significa que estas personas deban vivir con miedo, sino que es aún más importante acudir a sus revisiones médicas, mantener al día los esquemas de vacunación cuando correspondan, seguir las recomendaciones del personal de salud y consultar al médico ante cualquier síntoma o duda. La prevención y el seguimiento oportuno continúan siendo las mejores herramientas para proteger la salud.

¿Cómo podemos prevenir la hepatitis?

La prevención está al alcance de todos mediante acciones sencillas:

· Vacunarse contra la hepatitis A y B cuando esté indicado.

· Lavarse las manos con frecuencia.

· Consumir agua potable y alimentos bien preparados.

· No compartir agujas, jeringas ni objetos punzocortantes.

· Utilizar material médico y odontológico esterilizado.

· Practicar relaciones sexuales protegidas.

· Acudir al médico cuando existan factores de riesgo o síntomas.

Rompiendo mitos.

Aún existen muchas ideas equivocadas sobre esta enfermedad.

No todas las hepatitis son iguales. No todas son contagiosas de la misma manera. No cualquier contacto cotidiano transmite la enfermedad. Y, sobre todo, una persona con hepatitis merece respeto, atención médica y apoyo, nunca rechazo ni discriminación.

Combatir el desconocimiento también forma parte de la inclusión.

Reflexión final: Una responsabilidad compartida.

El Día Mundial contra la Hepatitis nos recuerda que cuidar nuestra salud también significa cuidar la de quienes nos rodean.

La prevención, la vacunación y el acceso oportuno a los servicios de salud deben llegar absolutamente a todas las personas, incluidas aquellas que viven con alguna discapacidad.

En HIT – Hagamos de la Inclusión un todo creemos que la verdadera inclusión también se construye desde la salud. Cuando la prevención, la información y la atención médica llegan a todas las personas, evitamos enfermedades, rompemos barreras y protegemos vidas.

Artículo escrito por José Antonio Anguiano Cortés que se publica en el blog HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo bajo la responsabilidad del autor.

 

 

 

 

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