Era un día normal en la clase que combinaba la materia de Alimentos con Expresión Artística. Los alumnos se encontraban trabajando en una actividad muy especial.
La maestra les había entregado una hoja blanca con una indicación clara y afectuosa: debían dibujar a la persona que más quisieran en el mundo.
El salón se llenó del sonido de los lápices y crayones.
El grupo (donde también estaba su compañero Esteban) trabajaba concentrado mientras la maestra caminaba entre las bancas, revisando los trazos, las composiciones y las primeras impresiones de los dibujos de cada alumno.
La exposición de Josué.
Cuando llegó el turno de revisar el trabajo de Josué, la maestra quedó intrigada por su dibujo y le pidió que pasara al frente del salón para exponerlo ante sus compañeros.
Josué, con toda la inocencia y orgullo del mundo, tomó su hoja y explicó su dibujo:
«Dibujé a mi tío. Él vive con nosotros, es el hermano de mi mamá. Yo lo quiero y lo cuido mucho porque está enfermito de sus ojos».
La maestra observó detalladamente el papel.
Había algo en el trazo que no lograba comprender del todo. Confundida, interrumpió con una pregunta:
— Josué, ¿Qué significa esa raya que pusiste ahí enfrente?
¿A poco tu tío tiene tres pies? — preguntó la maestra, un poco desconcertada.
— No, maestra — respondió Josué con total naturalidad —. Son dos pies.
El otro es el bastón con el que él se guía y se desplaza para poder caminar.
Al escuchar la respuesta, la maestra se quedó impactada. El aula guardó silencio. Aquella «tercera pierna» o raya confusa no era un error de dibujo, sino el reflejo fiel de la realidad de su tío y del profundo amor y respeto con el que el niño lo veía y lo cuidaba.
El encuentro a la salida.
Al terminar las clases, llegó la hora de la salida y la mamá de Josué fue a recogerlo.
La maestra, aún conmovida por lo que había pasado en el salón, se acercó a ella para plantearle la situación y platicar sobre el dibujo de su hijo.
Al principio, la mamá se mostró un poco preocupada y con incertidumbre por el reporte:
— ¿Pasa algo malo, maestra? — preguntó la mamá.
— Mi hermano es una persona que, a pesar de su discapacidad visual, nos ayuda mucho en la casa.
Y Josué lo apoya bastante cuando necesita cuidados.
Espero que no haya sido una confusión o un problema.
La maestra sonrió, aclarando que no había nada de malo, sino todo lo contrario. Lo que parecía una confusión de trazos en una hoja blanca terminó siendo una hermosa lección de empatía, inclusión y amor familiar impartida por el propio Josué.
Artículo del Doctor Ignacio Santiesteban Niebla, Doctor en Educación y Diversidad, Especialista en Ceguera y Residuo Visual, Culiacán, Sinaloa, México.
Julio 2026.
