El proceso de enseñanza-aprendizaje en el nivel preescolar representa una de las etapas más críticas y fascinantes del desarrollo humano.
En este periodo, el cerebro infantil posee una plasticidad excepcional, permitiendo que las estructuras del pensamiento lógico-matemático comiencen a cimentarse no a través de la abstracción rígida, sino mediante la exploración, el juego y la interacción social.
La educación inclusiva, donde convergen el maestro de educación regular y el especialista, se convierte en el escenario ideal para orquestar estrategias transversales que atiendan la diversidad del aula.
La introducción de herramientas mediadoras, como el títere, no es una elección recreativa; es una decisión pedagógica deliberada.
El títere actúa como un «otro» significativo que reduce la ansiedad ante el error y fomenta una conexión emocional con el objeto de conocimiento.
En este contexto, las matemáticas dejan de ser una serie de grafías inertes para transformarse en un lenguaje vivo, lleno de retos y descubrimientos compartidos.
El nivel preescolar es el peldaño inicial de la educación básica, destinado a niños de entre 3 y 5 años.
Su objetivo primordial es potenciar el desarrollo integral (cognitivo, afectivo, social y físico).
En matemáticas, se busca que el niño transite del pensamiento concreto al uso de símbolos, desarrollando nociones de conteo, ubicación espacial y medida.
El Títere como recurso pedagógico.
Creatividad docente y colaboración.
La creatividad del maestro es la capacidad de resignificar materiales y espacios para generar asombro.
Cuando el maestro de educación regular y el de educación especial colaboran, la creatividad se potencia: uno aporta la visión curricular y el otro los ajustes razonables, asegurando que el «diálogo del títere» sea accesible para todos los ritmos de aprendizaje.
Relato pedagógico: «Beto y la magia de los números».
En el aula de tercer grado de preescolar, el silencio se rompe con una música suave.
La maestra de grupo, Elena, y el maestro de educación especial, se colocan detrás de un pequeño retablo colorido.
De pronto, aparece «Beto», un títere de calcetín con ojos grandes y una gorra brillante.
—“¡Hola, amigos! ¡Tengo un problema gigante!”— exclama Beto con una voz aguda y saltarina, perfectamente modulada por el maestro para denotar emoción.
Beto muestra dos tarjetas con números: un 3 y un 8.
—“Me dijeron que este 8 es más ‘grande’ que el 3, pero ¿Cómo puede ser? ¡Si el 3 tiene más curvas!”— pregunta Beto, invitando a la reflexión.
Los niños ríen y comienzan a participar.
Uno de ellos, con el apoyo de la maestra Elena, se acerca y le explica a Beto que el 8 representa más objetos.
El diálogo fluye; el títere no juzga, solo pregunta con curiosidad.
—“Entonces…”— continúa Beto —“si tengo 4 dulces que me dio mi abuela y pongo 2 más que encontré en mi mochila… ¿Cuántos tengo ahora? ¡Ayúdenme a contar!”
A través de esta interacción, los maestros utilizan la maduración de la voz (cambiando tonos para enfatizar conceptos clave) y la significación (conectando el cálculo con situaciones reales como dulces o juguetes).
Los niños realizan sumas menores a 10 casi sin darse cuenta de que están resolviendo algoritmos aritméticos.
El aprendizaje se vuelve significativo porque nace del deseo de ayudar a su amigo, el títere.
Importancia del diálogo y la voz.
La efectividad de la estrategia radica en la intencionalidad pedagógica detrás de cada palabra del títere.
La voz: Debe ser clara, con variaciones de matices que mantengan el interés y ayuden a identificar las preguntas de las afirmaciones.
No debe ser un monólogo del maestro, sino una invitación constante al pensamiento crítico.
La interacción entre el maestro de apoyo y el de grupo frente al títere modela el trabajo en equipo y el respeto.
Sugerencias para el éxito educativo.
Para Maestros (regular y especial)
1. Planificación conjunta: Diseñen el guion del títere enfocándose en el aprendizaje esperado (ej. comparación de magnitudes).
2. Observación activa: Mientras uno maneja el títere, el otro debe observar las reacciones de los alumnos para identificar quiénes requieren un apoyo adicional.
3. Espacio de manipulación: Permitan que los niños también interactúen físicamente con el títere para fortalecer el vínculo afectivo.
Para Padres de Familia:
1. Juego de roles en casa: Usen cualquier objeto (un peluche, una cuchara) para personificar a un «maestro preguntón» que juegue con los números durante la cena.
2. Validación del esfuerzo: Si el niño se equivoca al sumar, que sea el juguete quien pida «otra oportunidad» para aprender juntos, evitando la corrección punitiva.
Conclusiones.
El aprendizaje matemático en el preescolar no debe ser una carga abstracta, sino una aventura sensorial. El uso del títere, sustentado por la creatividad docente y la colaboración interdisciplinaria, permite que conceptos como «mayor que», «menor que» y la adición se instalen en la estructura cognitiva del niño a través del afecto y el juego.
La mediación y la adecuada modulación de la voz transforman el aula en un laboratorio de lenguaje significativo, donde el alumno es el protagonista y el maestro, el facilitador de mundos posibles.
Referencias Bibliográficas.
Baroody, A. J. (2005). El pensamiento matemático de los niños: Un marco evolutivo para maestros de preescolar, ciclo inicial y educación especial. Aprendizaje Visor.
Brousseau, G. (2007). Iniciación al estudio de la teoría de las situaciones didácticas. Libros del Zorzal.
Kamii, C. (1982). El número en la educación preescolar. Visor.
Vygotsky, L. S. (1978). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica.
Artículo del Doctor Ignacio Santiesteban Niebla, Doctor en Educación y Diversidad, Especialista en Ceguera y Residuo Visual, Culiacán, Sinaloa, México.
Junio 2026.
