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Romper el silencio, un país que no quiere saber que existimos.

Imagen donde se lee la siguiente frase 3 de diciembre día internacional de las personas con discapacidad, en la parte inferior vienen imágenes de una persona ciega, otra usuaria de silla de ruedas y un oído que indica que no percibe sonido.

“3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad”

Vivir sin ver… pero viendo la realidad.

Vivir con una discapacidad en México es caminar, o en mi caso, avanzar sin ver, por un sendero que a veces parece construido con obstáculos más que con oportunidades. Este 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, me encuentro con sentimientos encontrados: por un lado, la alegría de reconocer avances que no existían hace algunos años; por el otro, la desesperación profunda de saber que aún falta mucho por hacer.

Un país con avances… pero sin prisa.

Es cierto, México ha impulsado leyes, políticas públicas y programas que hablan de inclusión, vemos rampas en algunas banquetas, audiodescripciones en ciertas transmisiones, señalizaciones en braille en unos pocos espacios públicos. Todo ello representa pasos que celebramos, porque reconocerlos significa que no caminamos solos.

Sin embargo, la realidad nos golpea cuando descubrimos que estos esfuerzos se quedan cortos, dispersos y, muchas veces, solo decorativos. Es como si la inclusión avanzara con muletas mientras la indiferencia y la burocracia corren a toda velocidad.

La inclusión que se queda en papel o en emotivas palabras.

La inclusión no se decreta: se vive. Y esa vida digna sigue siendo un privilegio para unos cuantos. Encontrar empleo, acceder a la educación, movilizarse en las ciudades, solicitar servicios públicos, participar socialmente… todo parece convertirse en una carrera de obstáculos interminables.

A quienes tenemos una discapacidad se nos pide resiliencia mientras se nos niega accesibilidad. Se espera que resolvamos solos problemas que son responsabilidad del Estado y de la sociedad.

Discriminación disfrazada de ignorancia.

El miedo a lo diferente se disfraza con frases como: “yo no sabía”, “no es mi responsabilidad” o “no pensé que lo necesitaras”, estas palabras duelen más que cualquier barrera física, porque revelan la raíz del problema: la discapacidad no es el impedimento; la ignorancia, la indiferencia y la lástima lo son.

Entre más se huye de nuestra presencia, más se construyen muros invisibles que nos condenan al silencio.

Oportunidades que se cuentan con los dedos.

Las personas con discapacidad no queremos ser un recuerdo en calendarios ni una estadística que aparece cada año en discursos políticos.

Queremos trabajo digno, movilidad segura, educación accesible, participación cultural y deportiva sin condiciones.

Queremos ser parte activa del país y no espectadores aislados en las trincheras de la exclusión.

Queremos lo mismo que cualquier persona: vivir, aportar, existir con dignidad.

Mi grito no es enojo: es esperanza.

Escribo desde la desesperación, sí, pero también desde la esperanza. Porque sé que no somos pocos, que nuestras voces se multiplican, que nuestras luchas no son caprichos y que nuestros sueños son los mismos que los de cualquier ciudadano: vivir en un México que no solo hable de inclusión, sino que la practique.

No pedimos privilegios: exigimos derechos.

Que este 3 de diciembre no sea un ritual más.

Este día no debe servir para publicar frases bonitas ni compartir fotografías llenas de falsa empatía. Debe ser una fecha para incomodar, cuestionar, exigir y actuar.

Un país incluyente no se construye con discursos, sino con voluntad, presupuesto, accesibilidad, educación y respeto.

Reflexión final o mejor dicho anhelo final: que México abra los ojos.

Que México abra los ojos: que nos vea, que nos escuche, que nos incluya.

Porque la discapacidad no es una historia de carencias; es una oportunidad para descubrir el valor de la diversidad humana. Y no descansaré hasta que este país deje de vernos como una minoría a tolerar y nos reconozca como lo que somos: ciudadanos con derechos, talentos y sueños.

Artículo escrito por José Antonio Anguiano Cortés que se publica en el blog HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo bajo la responsabilidad del autor.

2 comentarios en «Romper el silencio, un país que no quiere saber que existimos.»

  1. Excelente información, esperamos que como comentas, México abra los ojos para la inclusión y tenga más oportunidades para todas las personas con alguna discapacidad que puedan tener más oportunidades, saludos y bendiciones!!’

    1. Hola Betzaida, muchas gracias por tu comentario, nos agrada mucho darnos cuenta que nuestro artículo causó en ti el efecto que con él buscamos, ojalá y las demás personas que lo leyeron logren captar este mismo mensaje y que poco a poco logremos el cambio tan importante y necesario en beneficio delas personas con discapacidad. Saludos cordiales

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