Terminando la clase de ese día, el maestro le indicó a un grupo de alumnas ciegas de nacimiento que podían jugar mientras llegaban sus papás por ellas; optaron por jugar a las escondidas dentro del aula.
En el salón se encontraba una de las mamás de las alumnas y le comentó en voz baja al maestro: ¿cómo van a jugar a las escondidas si no pueden ver?
El maestro le dijo: usted nada más observe y me dice lo que está pasando. La mamá prestó atención y analizó las conductas.
Una de ellas dijo: Yo seré quien las buscaré y contaré hasta diez.
Las alumnas rápidamente corrieron, se desplazaron para buscar un lugar adecuado y esconderse.
Cuando terminó de contar, se dirigió a un lugar y se dio cuenta que ahí estaba escondida una de sus compañeras.
La mamá y el maestro se quedaron asombrados, porque a pesar de ser ciegas lo jugaban como si no tuvieran una discapacidad.
Al terminar la actividad el maestro las llamó y les preguntó: Quiero que me digan ¿Cómo le hicieron para encontrarse unas con otras en el juego?
Una contestó: pues, bien fácil, cuando empiezo a contar voy escuchando los pasos y me doy cuenta por donde se fueron, también puedo saber dónde están, porque cada una de ellas usa perfume diferente.
Otra exclamó: yo me doy cuenta cuando están respirando y así es como logro saber dónde están escondidas.
Es muy importante que todos tengamos en cuenta que a falta del sentido de la vista, las alumnas con discapacidad visual perciben el mundo de una manera diferente, sustituyendo el sentido faltante por los demás sentidos; en el caso del juego de las escondidas, localizaron a sus compañeras por el olor, por los movimientos que hacen y por la respiración por mínima que sea.
Artículo escrito por el Doctor Ignacio Santiesteban Niebla, Doctor en Educación y Diversidad, Especialista en Ceguera y Baja Visión, Culiacán, Sinaloa, México. Enero 2025.
