“Los Ángeles, la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, vive días devastadores. Los incendios que comenzaron el 7 de enero del 2025 han consumido miles y miles de hectáreas, borrando del mapa por lo menos diez mil estructuras, la gran mayoría hogares”
A veces pienso que nos hemos acostumbrado tanto a que todos los días, a toda hora, nos enteramos de noticias de todo tipo de violencia, asesinatos y malas noticias en general que lo anormal lo hemos convertido en algo normal, como que ya nada nos asombra.
Sin embargo, lo que nos ha tocado presenciar en los medios masivos de comunicación, incluyendo redes sociales, en relación al infierno que se vive en la ciudad de Los Ángeles, California, ha superado cualquier noticia que hallamos observado con anterioridad y nos ha provocado una angustia inimaginable. Por más palabras que pueda expresar no hay manera de describir a ciencia cierta lo que está sucediendo, por lo que para poder dimensionar la magnitud de la tragedia, les comparto artículo del reconocido periodista y conferencista mexicano León Krauze que se publicó en El Universal el día 13 del mes en curso.
La era del fuego: la tragedia de Los Ángeles.
Los Ángeles, la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, vive días devastadores. Los incendios que comenzaron hace unas semanas han consumido miles y miles de hectáreas, borrando del mapa por lo menos diez mil estructuras, la gran mayoría hogares. Una multitud ha tenido que evacuar las zonas afectadas. Cuando vuelvan, cientos de miles no tendrán donde vivir. Su vida entera está en cenizas. A diferencia de la furia de un sismo o un huracán, donde a veces algo queda para el rescate, para el recuerdo o el recomienzo, el fuego lo reduce todo a polvo. “Esto ha sido bíblico”, me dijo un colega que ha cubierto cientos de incendios a lo largo de su carrera en la zona. No exagera.
Las zonas afectadas no son solo áreas residenciales privilegiadas o blancas. Altadena, la comunidad más afectada por el incendio “Eaton”, es 30% hispana. Uno de cada cinco residentes es inmigrante. Para la enorme comunidad hispana del sur de California, los incendios han sido una tragedia múltiple. Mucha gente ha perdido su casa, pero muchas más perderán el sustento diario. Los latinos (en su mayoría mexicanos) dependen de las industrias de mantenimiento, cuidado del hogar, la jardinería y una larga lista. Con miles de empleadores sin hogar, negocio o futuro en la zona, trabajadores hispanos perderán su ingreso.
¿Por qué ocurrió la tragedia? ¿Cómo explicar que una de las grandes ciudades de Estados Unidos y la gran urbe del estado de California -quinta economía del planeta- no haya conseguido controlar a tiempo el fuego? Los angelinos dirigen su ira contra la alcaldesa Karen Bass y el gobernador Gavin Newsom, ambos demócratas. La frustración es natural y, en el caso específico de Bass, una burócrata de medio pelo con una carrera en el legislativo, pero sin experiencia ejecutiva, justificada. En cualquier caso, la carrera política de ambos se ha terminado (Bass podría enfrentar una revocación muy pronto). Lo cierto, sin embargo, es que el infierno de Los Ángeles no comenzó ahora ni es producto solo de malas decisiones coyunturales o mala suerte.
El infierno de Los Ángeles se veía venir.
Viví ahí por más de una década. En Los Ángeles nacieron dos de mis hijos. Le tengo un amor y agradecimiento profundo y la conozco bien. Es una ciudad de una peculiar belleza y, en su extensión, muestra de los alcances testarudos e irresponsables de la expansión urbana —y humana. Buena parte de la ciudad se extiende hasta las faldas de varias cadenas montañosas: Santa Mónica, San Gabriel, San Bernardino. Desde hace décadas, conforme la severidad de los incendios forestales ha aumentado, las autoridades han dejado claro que vivir en esas zonas se ha vuelto de alto riesgo. La zona residencial de Palisades, que no existe más, era de alto riesgo. Lo mismo Altadena. “Décadas antes de que conociéramos el cambio climático, sabíamos que este tipo de crecimiento urbano era un gran riesgo”, le dijo al Washington Post Timothy Ingalsbee, director ejecutivo de Bomberos Unidos por la Seguridad, la Ética y la Ecología.
El sur de California también lucha contra el cambio climático. La región no ha logrado salir de una tremenda sequía, que ha durado meses. La sequía no solo limita los recursos hídricos. También transforma esas montañas en millones de hectáreas de combustible. El gobierno de California dedica miles de millones de dólares a limpiar maleza. El estado tiene también, por cierto, la flota aérea de combate de incendios más extraordinaria del mundo. De nada sirve si no llueve, si se prende una chispa y si los vientos de Santa Ana, que son un soplido siniestro, arrecian a cientos de kilómetros por hora. Es una lucha imposible de ganar.
A eso habrá que sumar un sistema hídrico que no está diseñado para luchar contra un incendio de esta magnitud, y circunstancias de verdad desafortunadas, como el hecho de que una de las reservas de agua más importantes y cercanas a la zona de Palisades estaba vacía por reparación.
Pero incluso si la reserva estuviera llena a capacidad, su uso quizá habría ayudado a la presión del agua, pero probablemente no habría detenido el fuego. El destino de esas comunidades, en una zona cada vez más propensa a incendios horrendos, ya estaba sellado. Los angelinos seguramente pedirán la cabeza de su alcaldesa y la conseguirán. Pero la pregunta central que enfrenta la ciudad es muy parecida a la que tiene que hacerse el mundo: después de nuestra irresponsabilidad ya quizá irreversible, ¿cómo vamos a vivir en un planeta en el que el cambio climático desata furias como este horror? Quizá, como ha adelantado por años el experto Stephen Pyne, estamos en la era del “piroceno”. La era del calor imposible, la era del aire irrespirable, la era del fuego. Eso es lo que le hemos dejado a nuestros hijos.
@LeonKrauze
Cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar.
Una vez que hemos leído el extraordinario artículo del gran periodista León Krauze, nos queda muy clara la magnitud de la tragedia que se vive en la ciudad de los Ángeles y surgen las siguientes preguntas:
¿Nuestro país está exento de vivir una situación tan horrenda como la que se vive en Los Ángeles?
¿Estamos preparados para enfrentar una tragedia como la que hemos venido comentando?
¿Nuestras autoridades, en sus tres niveles de gobierno, están conscientes de las consecuencias del cambio climático?
¿Se cuenta con un fondo que garantice que en caso de presentarse una devastadora situación se pueda lograr una recuperación satisfactoria?
¿Existen los protocolos adecuados para que en caso de un siniestro de esta magnitud, los integrantes de los grupos vulnerables puedan ponerse a salvo con facilidad o que cuando menos sepan como actuar?
¿En los asilos en los que se encuentran adultos mayores de edad avanzada, existen protocolos para evacuación en caso de un desastre natural y de manera especial de un incendio?
Todas las interrogantes anteriores no tienen una respuesta afirmativa, por el contrario, es una situación muy preocupante darnos cuenta que estamos totalmente desprotegidos y vulnerables ante cualquier desastre natural, aunque no sea de esta magnitud.
Reflexión final.
A mi me dio una inquietud con el incendio en California con la evacuación de una estancia de adultos mayores
Todos en sillas de ruedas, andaderas, camillas, etcétera
Que pasaria con las personas con discapacidad en estos casos
Existe un protocolo adecuado para ellos es pregunta
La respuesta es No seguramente
Si no existe inclusión en la vida cotidiana menos en emergencias
Tienes tarea dime que hay al respecto
Comentario final.
No podemos esperar a que algo similar a la tragedia que se vive en la ciudad de Los ángeles suceda en alguna de las ciudades de nuestro país, para que todos reaccionemos y adoptemos las medidas que sean necesarias, por un lado, minimizar el riesgo y, por otro lado, saber como actuar en caso de que sucediera algo así.
Pero de una manera especial, nuestras autoridades deben de establecer programas muy completos e integrales que den seguridad a toda la ciudadanía.
Artículo escrito por José Antonio Anguiano Cortés, que se publica en el blog HIT – Hagamos de la Inclusión un Todo bajo la responsabilidad del autor.
