Mi historia de vida, Eduardo B. Ayala Franco (Lalo Ayala)

Eduardo Ayala Franco posando de perfil con brazos cruzados. Viste un traje gris y corbata rosa.

¿Cuántas veces nos alegramos por un dolor en la vida? No sólo físico sino emocional en su mayoría. Esa es la paradoja, que a través del dolor podemos llegar a sentir la felicidad.

Al ser una persona que había vivido sin discapacidad como la mayoría de la gente, no valoraba tanto la vida, y las oportunidades de esta, por eso, ni me daba por enterado de este sector, hasta la etapa de casi culminar la carrera, por lo tanto, y por eso, pasaba desapercibida esta condición.

Ahora que la vivo 24 horas los 7 días de la semana, es totalmente diferente, pero, no sólo es el hecho de vivirla, sino de ser protagonista de la acción que se genera en la sociedad. ¿Cómo es esto?, me gusta ser canal y medio de concientización, inspiración y símbolo de resiliencia. 

Un derrame cerebral cambió totalmente mi condición de vida.

Al darme un derrame cerebral a los 22 años, estudiando aún en esos tiempos, cursando mi carrera en Administración en la Universidad La Salle A.C., fue cuando tuve el derrame exactamente al término del servicio social.

El derrame trajo la nueva condición de vivir, admirar y valorar la vida:

  1. Desperté de un coma y viví una tetraplejia, que es el estar paralizado y sin sentir desde la punta de los pies hasta la cabeza, es decir, todo el organismo.
  2. Pérdida de vista, percibiendo el ver doble, encimado, movimientos involuntarios de ambos ojos y hoy en día es de un 20 por ciento de la misma.
  3. Pérdida de oído, hoy escucho un 30 por ciento.
  4. Pérdida de la deglución, pasar saliva y el poder comer o beber algo, hoy en día sólo es barrer la lengua un poco.
  5. Pérdida de la respiración, estuve conectado a una máquina para poder hacer una ejecución tan simple, mantenerme con vida, hoy en día respiro con poca dificultad.
  6. De no tener ningún movimiento y estar postrado en cama, pasé a estar por un tiempo en silla de ruedas, luego a una andadera y por último a lo que hoy en día hago, caminar con dificultad.

Hoy en día, después de esta situación que modificó todo mi interior para ir transformando a mis pasos el exterior, y así, poder continuar con la vida.

Mi reintegración a la actividad educativa

Regresé después de casi 8 meses sin tener movimientos controlados, con 2 años de rehabilitación para culminar la carrera en la Universidad La Salle, me gradué en Administración con profundización en PyME´s, seguí mis estudios con 2 especialidades, una de ellas en Mercadotecnia y Publicidad, y la otra fue en Desarrollo de Emprendedores y Negocios. Por último, realicé una Maestría en Negocios.

Poniendo en práctica lo aprendido en mi querida Universidad La Salle

En la actualidad, soy docente de diversas materias en la Coordinación de Desarrollo Humano Profesional, y la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle.

He sido consultor de Negocios, facilitador del cambio para entrenamientos en un emprendimiento que cofundé, y ya lleva desde el 2011, Crear Líderes; así como llegar a ayudar a crear diversos giros de Negocios.

He escrito 8 libros con temas de desarrollo humano, liderazgo, responsabilidad social, emprendimiento, discapacidad, etcétera.

Llegué a ser presidente de una Organización No Gubernamental (ONG, aquí en la ciudad de México, que tiene presencia a nivel mundial en más de 125 países,  Junior Chamber International (JCI).

He impartido diversas conferencias con diferentes temáticas, desde lo motivacional, lo emprendedor, derrames cerebrales, personas con discapacidad, entre otros temas. 

Apoyo a asociaciones, siendo generador de ideas como ANCIC (para derrames cerebrales), Fundación Rebeca Lan (mujeres privadas de su libertad), también soy un vínculo en una de ellas, para cubrir el servicio social de alumnos lasallistas en Libre Acceso, A.C.

Mi familia, mi realización plena

Después de todo esto, conocí al amor de mi vida, mi esposa Cyn, quien ahora camina junto conmigo en este camino de vida. Tuvimos la gran bendición de ser padres, uno de mis más grandes sueños.

Además de esto, la situación más complicada la pasé al tener a mi segundo hijo y al mes perderlo. Esto, sin duda, me dio una gran sacudida nuevamente para seguir aprendiendo y moldearme aún con más humanismo.

Ahora bien, te comparto el inicio del libro “Diario de la felicidad”

Este derrame me dejó sin movimiento y sin sensibilidad; pero, en el proceso me enseñó a descubrir situaciones que lejos de alejarme de la realidad, me acercaban a una alegría inmensa al poder vivir, y con ello, deleitarme con cada latir de mi corazón.

Durante este tiempo, me encontré con una serie de inolvidables experiencias de las que hoy en día comparto a través de las conferencias. Una de ellas, la denomino: la paradoja de la felicidad.

Para entender más mi sentimiento y la alegría que me causaba, te pongo en contexto, ya que llevaba más de 8 meses sin poder moverme de una cama de manera consciente, bueno, me movían para que el peso de mi cuerpo, no causara llagas o escaras, aunque ya las tenía.

Ahora sí, sigamos con el recuerdo.

La paradoja es la siguiente:

Un día salí a correr con un primo, él me empujaba en la silla de ruedas por la debilidad en mi organismo en ese momento. Era todo un espectáculo el poder salir a la calle, ya que en primera, tenían que pasarme, de la cama a la silla de ruedas, y eso implicaba el cargarme, y hacer una serie de movimientos para lograr dicha actividad, sin poder ni siquiera ayudar, sólo era el ver cómo me movían porque ni lo sentía.

Luego, ya que estaba en la silla de ruedas, era el pasar el primer escalón al salir del cuarto donde me quedaba en la casa de mi abuelito. Para finalizar y poder ver la calle, teníamos que pasar un pasillo que hacía me sintiera que era mi alfombra roja, y culminar ahora sí, en la calle donde por un momento me sentía con más libertad.

Una vez que pasábamos el escalón alto para pasar la silla con equilibrio, y con la experiencia de la persona que me ayudaba a salir para lograr tal hazaña, ahora sí, emprendíamos el camino y era siempre una alegría indescriptible el ver y hacer cosas diferentes, por consiguiente, era un regalo y lo pedía a menudo, ya que quería vivir algo distinto fuera de esas cuatro paredes.

Fue un instante tan asombroso que hoy y el resto de mi vida lo recordaré, así como al platicarlo hago que se quede en el recuerdo de las personas.

Lo que a continuación ocurrió fue: Para hacer algo diferente dije “primo, vámonos corriendo”, a lo que él me respondió, “cómo quieres correr si ni siquiera puedes caminar”.

Cierto, fue mi respuesta con desaliento y en ese instante bajé la mirada, que era lo único que podía mover.

No pasaron ni cinco segundos cuando le dije, “bueno, tú corres y me empujas”. Y así empezamos aquella experiencia tan hermosa para mí.

Al cabo de unos minutos y pocas cuadras al no ver que corría rápido, lo reté, siendo algo muy característico de mí: Diciéndole, “¿no puedes correr más rápido?, creo que en ese momento, sintió como una patada en el “ego” y fue cuando comenzó a correr tan fuerte que mi cabeza se iba de lado (la cual no podía sostener) viendo como ya estaba acostumbrándome, borroso y encimado (ahora sé que tengo un 20% de vista) además de distinguir muchos carros a mi lado en ese entonces. 

Al momento que ocurrió esto, pasamos un tope, que lógico mi primo no vio por la adrenalina de correr, para que yo viera que en efecto podía hacerme pensar que yo estaba corriendo, y a los cinco segundos nos fuimos de lado y la física hizo su parte, nos caímos.

En ese momento, ¡me dolió!, y lloré, no por el golpe, sino de la felicidad. ¿Cómo es esto? Muy simple; si recordamos que ¡yo no tenía sensibilidad! Pues al momento de sentir el dolor, vino con ello, un golpe de esperanza, que, en ese momento, era la certeza de recuperar lo que había perdido. En efecto, de la rodilla a la cadera estaba recuperando la sensibilidad de mi lado izquierdo. 

No sé en qué momento ocurrió, ya que los movimientos que hacían en mí, eran mínimos y este trancazo era bastante más evidente, hasta recuerdo que mi primo pasó volando sobre mí, me sentí como le película de “Liberen a Willy”.

Pero, eso es algo mío, ahora, ¿cuántas veces nos alegramos por un dolor en la vida? No sólo físico sino emocional en su mayoría. Esa es la paradoja, que a través del dolor podemos llegar a sentir la felicidad. 

¿Por qué se da esto? Por el hecho de que estamos vivos y tenemos la conciencia de que sentimos. Es parte de la vida, sentir, reír, el dolor, felicidad, tristeza, etcétera, todo esto nos hace estar vivos e inevitablemente podemos pasar cualquier sentimiento ya sea positivo o negativo.

Lo importante de esto es el tiempo que dura, y se puede dar el mismo valor a lo positivo como en lo negativo, es simplemente un acontecimiento que hace que vivamos de la forma de cómo se quiera afrontar, o ver nuestra realidad en cada momento.

Las perspectivas de la vida nos hacen ver y disfrutar cada situación o momento por cómo lo percibimos. 

Por tal motivo me dedico en gran parte a apoyar a personas que viven una situación complicada, ya sea en lo físico o en lo emocional, y sobre todo a personas que no sólo busquen el terminar esa situación sino ser felices y valorar todo lo que les rodea.

A través de la experiencia que me ofreció la vida he hecho que mucha gente se acerque a preguntar el cómo lo logré. Siempre respondo, que Dios me permite vivir y cada latido del corazón, es una oportunidad para tomar acción y hacer mi pasión realidad.

Dios está en mí; pero, no espero a que Dios haga todo por mi o me lo dé de manera fácil, NO!, me muevo, sudo, hago, voy. No sólo es dejarlo en los sueños, sino asegurase que las cosas sucedan y esa es una clave que doy en el libro “Poder y VIDA”; pero, haz acción de las cosas. Vas a observar los resultados de este modo, no de sólo soñar.

Es bueno soñar, claro, porque eso te da una visión más enfocada de lo que deseas. Por ello, te comparto este libro para que a través de su contenido puedas hacer realmente un diario de la vida y éste, tiene que ser un diario de la felicidad.

Atrévete a contraponer tu realidad y transformarla, no simplemente deseándolo sino al llevarlo a cabo y sentir todo lo que conlleva, la felicidad no es la meta o el objetivo sino el camino que trazas a diario.

6 comentarios en «Mi historia de vida, Eduardo B. Ayala Franco (Lalo Ayala)»

  1. Guadalupe Aragón Ramírez

    Maestro Eduardo es un placer leer cada una de sus experiencias Y cómo de ellas logra encontrar lo positivo para seguir adelante y ser feliz aparte sin duda Es usted un ejemplo a seguir no solo por Su rehabilitación sino por todo el trabajo que hace para que nosotros quienes nos acercamos a usted tengamos las herramientas necesarias para vivir cada día formando nuestra felicidad y no dejarnos hundir por las tristezas y los pensamientos negativos. Creo que para muchos de nosotros es tiempo ya de ser felices con la vida profunda e intensa que experimentamos cada 24 horas. Gracias siempre a cada una de las personas positivas que amablemente y sin ningún interés nos motivan para seguir adelante

    1. Hola Guadalupe, tu forma de expresar tus comentarios son muy enriquecedores, describes de una manera muy clara y precisa lo que Lalo Ayala ha hecho a lo largo de su vida. Lalo sin lugar a dudas es una fuente de inspiración no solo para las personas con discapacidad, sino para todas las personas en general. También estamos convencidos que una parte fundamental de la vida es lograr la felicidad. Te saludamos con mucho afecto.

  2. Me di el tiempo de leer las últimas historias que comparte Eduardo y la maestra de la UNAM, extraordinarias ambas, ejemplos de vida y valentía ante lo inevitable, esto nos hace ver y entender que no existen los límites ni los obstáculos, que nosotros mismos somos los que nos los ponemos estando disque normales, por eso todas estas personas merecen mi admiración y respeto, son grandes maestros de vida 💛

    1. Hola Lilia, gracias nuevamente por tus comentarios, nos alegra saber que continúas leyendo nuestros artículos y en especial las historias de vida que publicamos. Las dos historias que mencionas son realmente sorprendentes y constituyen una lección de vida que nos debe impulsar a todos, tengamos o no discapacidad, para luchar por nuestros sueños, objetivos y metas planteadas. Saludos cordiales

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