Hace algún tiempo escribí un artículo para compartirlo en un blog y en redes sociales, en el cual hacía referencia a los vehículos eléctricos y al peligro silencioso que representan para las personas ciegas. A pesar de que ha pasado el tiempo y las autoridades han modificado algunos reglamentos de movilidad, me doy cuenta de que siguen sin contemplar el riesgo que significa que estos vehículos circulen en entornos urbanos sin contar con una señal auditiva que nos permita percibir su presencia.
Soy consciente de que también es necesario evitar la contaminación auditiva, pues el exceso de ruido nos afecta. Al igual que ocurre con vehículos de combustión que circulan con el silenciador defectuoso o sin instalar, el ruido excesivo puede bloquearnos y dificultar que identifiquemos otros sonidos importantes para desplazarnos de manera segura. Sin embargo, el hecho de que un vehículo transite de manera silenciosa, sobre todo en calles que no son avenidas principales y que no cuentan con semáforos —o que, si los tienen, no son sonoros— multiplica exponencialmente el riesgo de sufrir un accidente.
Actualmente circulan una gran variedad de vehículos eléctricos: patines, bicicletas, motocicletas, automóviles, camionetas y, en algunos lugares, incluso vehículos pesados. A esto se suma que muchos de ellos son conducidos por menores de edad, quienes no siempre tienen la conciencia ni la precaución necesaria para manejar con seguridad.
En lo personal, ya he estado a punto de ser arrollado en varias ocasiones por este tipo de vehículos mientras me desplazo por las calles de mi municipio. Se han vuelto tan comunes, o incluso más, que los vehículos convencionales, lo cual me ha llevado en varias ocasiones a detenerme más tiempo de lo habitual para agudizar mi oído y asegurarme antes de cruzar una calle.
Quizás se pregunten por qué retomo e insisto con este tema. La razón es que considero que ha llegado el momento de actuar y de generar conciencia sobre un problema que no solo afecta a las personas ciegas, sino también a las personas mayores y a cualquier peatón distraído o confiado. Por ello, me gustaría que al leer esta publicación la compartan, de manera que logremos hacer llegar a nuestras autoridades la necesidad de promover una iniciativa de ley que obligue a los distribuidores de estos vehículos a incorporar dispositivos auditivos que permitan identificarlos. Al mismo tiempo, debe regularse a los que ya circulan para que también sean detectables auditivamente.
No se trata de que estos vehículos emitan un ruido estruendoso, pero sí de que se diseñe un dispositivo estandarizado con un sonido particular y con un nivel de decibeles perceptible para el oído humano.
En México, la facultad de proponer iniciativas de ley —incluyendo las relacionadas con movilidad— recae en el Presidente de la República, los Diputados y Senadores del Congreso de la Unión, así como en las legislaturas de los Estados y de la Ciudad de México, según lo establecido en el Artículo 71 de la Constitución. Además, las dependencias y entidades de la administración pública federal, estatal y municipal pueden impulsar acciones y proponer normativas en materia de movilidad, como lo prevé la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial.
Como mencioné en el artículo anterior, el avance tecnológico debe ser inclusivo, especialmente cuando involucra objetos o vehículos que transitan en nuestro entorno y que representan riesgos. Por ello, considero que este tema debe ser de interés público y general, pues se trata de promover la seguridad vial inclusiva.
Les pido nuevamente que ayuden a compartir esta reflexión y a proponerla en los espacios adecuados, para que logremos llevar este tema a nuestras autoridades y avanzar hacia una movilidad más segura para todas y todos.
Artículo escrito por el Licenciado Sergio Armando Castro Barriga, persona con discapacidad visual que radica en la ciudad de Zamora, Michoacán.

