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Las uñas de la maestra y la imaginación de Pablo.

Imagen de un niño ciego tocando un libro y una maestra junto a él, guiándolo

En una clase de segundo grado de educación primaria, los alumnos elaboraban cuentos para la materia de Lectura y Escritura. Los materiales estaban especialmente diseñados con imágenes en relieve y texto en Braille, lo que permitía a niños con ceguera, como Pablo, explorarlos a través del tacto.

Durante una sesión, una estudiante en práctica docente de la Escuela Normal de Especialización del Estado de Sinaloa visitó el aula. Su propósito era observar el trabajo con los alumnos, evaluando su interacción, el trato que recibían y las metodologías de enseñanza empleadas por la maestra titular.

La practicante narró un cuento al grupo utilizando uno de los libros adaptados, con imágenes en relieve y texto en Braille. Mientras tanto, Pablo tocaba y exploraba el material con la guía de la joven. Sin embargo, la situación tomó un giro inesperado.

De pronto, el niño adoptó una actitud negativa hacia la practicante y se negó a continuar participando en la actividad. La razón era clara: Pablo no le permitía tocarlo mientras le explicaba las imágenes.

Intrigada, la maestra del grupo se acercó al niño para conocer el motivo de su comportamiento. Con la sinceridad propia de la infancia, Pablo respondió que la practicante era una “bruja” porque tenía las uñas largas.

Lejos de molestarse, la joven supo aprovechar la oportunidad para convertir aquel malentendido en una lección significativa. Con paciencia y ternura, explicó a Pablo que sus uñas largas eran solo un adorno, una manera de verse bonita, y no una señal de maldad. Le aclaró también que las brujas son personajes de fantasía, que solo existen en los cuentos y en la imaginación.

La actitud de la practicante fue ejemplar. Mostró una comprensión profunda de la psicología infantil y del valor de validar los sentimientos del niño antes de corregir su percepción. En lugar de reírse o desmentir bruscamente su temor, respondió con empatía y serenidad, logrando disipar la confusión de Pablo y fortalecer el vínculo entre ambos.

Gracias a esa intervención respetuosa, Pablo comprendió que las apariencias no siempre reflejan la realidad, perdió el miedo y volvió a participar con entusiasmo en la actividad.

Este relato nos ofrece una valiosa reflexión sobre la enseñanza inclusiva y el papel del docente como mediador entre la fantasía y la realidad. En el caso de los niños con discapacidad visual, esta mediación adquiere un significado aún más profundo: ellos deben aprender a interpretar el mundo desde lo que tocan, sienten o escuchan, lo cual puede generar confusiones cuando se enfrentan a conceptos abstractos o imaginarios.

El episodio vivido en esa aula nos recuerda que el éxito educativo no depende solo del dominio del contenido, sino también de la capacidad del maestro para conectar emocionalmente con sus estudiantes, comprender sus temores y acompañarlos con sensibilidad.

Educar con inclusión implica enseñar desde el corazón, con empatía, paciencia y apertura, ayudando a los niños a comprender el mundo que los rodea y a sentirse seguros dentro de él.

Artículo escrito por el Doctor Ignacio Santiesteban Niebla, Doctor en Educación y Diversidad, Especialista en Ceguera y Baja Visión, Culiacán, Sinaloa, México. Septiembre 2025.

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