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La banda de guerra que tocó el corazón de todos.

Imagen de varios niños tocando trompeta, todos con uniforme que es caso blanco con pantalón azul marino, traen boina tambien.

La historia de un alumno ciego que convirtió los “no se puede” en interpretación de marchas y liderazgo.

Al terminar la jornada escolar, un alumno ciego llegó a casa con una noticia que lo llenaba de emoción: en su primaria se había lanzado la convocatoria para integrarse a la banda de guerra. A las niñas se les enseñaría a tocar el tambor y a los niños, la corneta. Sin dudarlo, expresó a sus padres su deseo de inscribirse.

Sus familiares, sorprendidos, se miraron entre sí con un gesto de duda. No era por falta de apoyo, sino por la inquietud de cómo podría participar su hijo en una actividad que, a primera vista, parecía tan visual. Sin embargo, decidieron no cerrarle la puerta y hablar con el maestro de apoyo para encontrar una solución.

Al día siguiente, conversaron con el profesor de educación especial, quien sonrió al escucharlos. Les aseguró que no había ningún impedimento para que su hijo participara. Incluso les contó que él mismo, siendo ciego, había tocado en la banda de guerra cuando estudiaba en la normal, gracias a un instructor que le enseñó con técnicas adaptadas. La coincidencia era perfecta: ese mismo instructor sería ahora el encargado de la banda de la primaria.

Cuando hablaron con el instructor, este les confirmó:
—No hay ningún problema. Si el maestro de apoyo, siendo ciego, aprendió a tocar la corneta conmigo, su hijo también podrá hacerlo.

La respuesta llenó de alegría al alumno, quien comenzó sus ensayos en tercer grado. Desde el inicio, formó parte del grupo de corneteros y año con año fue destacando por su dedicación y precisión. Tanto así, que en quinto grado el instructor lo nombró capitán de la banda de guerra, reconociendo que era el mejor en su instrumento.

En sexto grado, con orgullo, entregó el cargo a un compañero de menor grado, pues ya estaba por egresar para continuar sus estudios en secundaria. Antes de irse, expresó con firmeza:
—Si en la secundaria también hay banda de guerra, pediré de nuevo la oportunidad de integrarme. Quiero seguir tocando, participar en homenajes, desfiles y eventos.

Para sus padres, aquel recorrido fue una confirmación de lo que siempre habían intuido: su hijo podía alcanzar cualquier meta con determinación, apoyo y oportunidades. Y, sobre todo, que la música —igual que los sueños— no necesita de la vista para sentirse y disfrutarse.

Artículo escrito por el Doctor Ignacio Santiesteban Niebla, Doctor en Educación y Diversidad, Especialista en Ceguera y Baja Visión, Culiacán, Sinaloa, México. Agosto 2025.

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