Cuando estoy impartiendo alguna clase sobre todo en el ámbito de la cocina y la repostería me he dado cuenta que mis alumnos y alumnas tienen miedos pero no sólo a quemarse sino también a que una receta no les salga a la altura de las expectativas de su familia.
Como instructora me preocupa mucho esta parte porque son personas que apenas están aprendiendo, algunas incluso después de haber pospuesto mucho tiempo este paso y cuando sienten que no están a la altura se pueden frustrar y entonces ya no desearán continuar.
A mí me encanta que la familia acompañe a mis alumnos y alumnas en este proceso tan bonito porque la cocina es también un lugar para convivir, sin embargo acompañar y apoyar no significa criticar, burlarse y ordenar.
Recordemos que muchas personas llegan a mis cursos porque en sus casas no supieron como enseñarles a cocinar o simplemente no quisieron, pero en ocasiones cuando ya están conmigo, entonces empiezan a darles indicaciones a la par que yo lo hago, a decirles que no están haciendo bien las cosas y finalmente terminan quitándole el espacio a mi alumno o alumna y se quedan sentados viendo como su familiar cocina.
Debemos entender que jamás una receta que preparamos en clases quedará igual a la que prepara la familia simple y sencillamente porque no somos la misma persona, cada quien tiene una técnica, un sazón y por ende un resultado diferente.
Se sorprenderían de saber que cuando mis alumnos y alumnas tienen libertad en la cocina, sólo siguen mis indicaciones, están enfocados y tienen a su familia ahí apoyando más no interviniendo; obtienen excelentes platillos.
Por favor, permítanles aprender, cometer errores, desarrollarse y disfrutar el proceso.
No pretendan que hagan las cosas como ustedes, que salgan idénticas a lo que preparan y tampoco intervengan cuando yo estoy dando una indicación porque entonces mis alumnos y alumnas no atienden a nadie y esa falta de concentración sí les puede provocar un accidente o un mal resultado y finalmente terminarán regañándolos o regañándolas pero recuerden lo que dice el dicho: al que a dos amos sirve, con alguno queda mal.
Podrán desconfiar de mí como instructora porque no me conocen, eso lo entiendo y créanme que con el pasar de las clases demuestro la capacidad y la experiencia que tengo para enseñar, pero de quien nunca deben de desconfiar es de sus hijos y sus hijas porque a ellos sí les causan un gran daño.
Así que por favor en lugar de amarrarles las manos al cocinar, déjenlos que extiendan sus alas y aprendan a volar. 
Con pasión de instructora y Alma libertadora:
Marce Vázquez

