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Historia de Vida de Doña Carmelita

Doña Carmelita junto con su esposo en el campo

Doña Carmelita como la llamaban en el pueblo. Fue una mujer tacambarense, una muchacha alegre y lucidora, con una voz privilegiada y una gracia especial que en los años 30 del siglo pasado encantaba a la población carente entonces de TV y demás.

Se integró al Club Codallos, ensayaba ahí obras de teatro en las que siempre era la protagonista, en las zarzuelas lucía su voz.

En una ocasión, el General Cárdenas, que con frecuencia visitaba al pueblo porque su esposa doña Amalia era oriunda de esa ciudad, la escuchó cantar y entusiasmado le ofreció una beca para estudiar el Bel Canto en París.

Ella estaba ya pedida, así que, aunque le dio mucho gusto el ofrecimiento y la oportunidad que se le presentaba, eligió el matrimonio…. Dijo no, al viaje a Europa y ya casada cambió su nombre, después del matrimonio, en adelante fue para todos Carmen Gaitán.

Fue una mamá cariñosa y abnegada madre de 9 hijos, más otros tantos adoptivos porque el internado del Colegio Morelos cerró y su esposo le pidió recibiera en su amplia casa a estos estudiantes, por lo menos hasta que se terminaba el año… Ella aceptó y su casa se vio habitada por muchachos de Arteaga, Tepalcatepec, Aguililla, Carácuaro, Puruarán, quienes fueron atendidos por la señora Carmen con esmero y alegría. Aún ahora en el siglo XXI llegan los nietos de los antiguos estudiantes a conocer la casa y a agradecer a los descendientes de los señores el favor que hicieron a sus abuelos.

¿Cuántos hijos querían tener?, todos los que fueran, los que Dios les diera, bien recibidos, muy queridos y atendidos, aunque su vida se viera en peligro. Con ellos que era lo primero, se desplazaban en busca de los médicos que pudiera aliviarlos, ella alegre, optimista les infundía ánimo y les salvaba la vida.

Sacaba tiempo para preparar niños del barrio que pudieran hacer su Primera Comunión, ahí en el corredor de su casa sentaditos, juguetones escuchaban extasiados de los ángeles, de Adán y Eva, Caín el hermano envidioso, la huida a Egipto, la Santa Trinidad y el catecismo del P. Ripalda repite y repite oraciones, mandamientos, sacramentos, etc.

Con los mismos niños y otros vecinos y amigos ensayaba pastorelas, hasta un Auto Sacramental de Calderón de la Barca, representó en las calles del pueblo, en tiempo de posadas ante un público atento, numeroso y divertido. El mismo Obispo de Tacámbaro José Abraham Martínez acudía con gusto a verlos actuar, porque sus obras y sus ensayos no eran cualquier cosa, pues en varios asistentes lograban captar y sentir el arte, el personaje, lograban muy buenas representaciones. Con sus declamaciones conseguía también interpretaciones muy valiosas.

Pero la salud de la señora Carmelita se deterioró sin que los doctores locales atinaran a qué se debían los mareos, dolores de cabeza, lo nublado de la vista.

Hasta que sucedió, una tarde que esperaba la llegada del hijo mayor que volvía del extranjero, al levantarse para abrazarlo dijo de repente “No veo nada”, pensaron que era la presión, pero no. En ese momento había perdido la vista, totalmente y para siempre.

Ante la tragedia, que hicieron los esposos, lo primero fue acudir a los médicos de las ciudades de Morelia, León, México, especialistas oculistas, tradicionales, homeópatas y todos coincidieron en que era producto de la diabetes y que no había cura posible.

Entonces retomaron la vida cotidiana, el trabajo de la casa, a la cocina, don Austreberto su esposo, fue quien principalmente cuidó de ella, así lo quisieron ellos.

Claro tenía siempre una joven ayudante en la cocina, misma que recibió excelentes clases de la tradicional y de alta cocina de la burguesía tacambarense, así como recetas para el buen vivir que mucho le sirvió en la azarosa vida que como a todos les tocó vivir.

El catecismo siguió con menos niños pero igual de efectivo, aunque ya actualizado con las enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo.

Participó en la política cuando su esposo fue candidato para presidente municipal en los años duros del PRI, en los mítines, en las desveladas, en los sobresaltos.

En teatro, las posadas entraron en receso, aunque todavía ensayó canciones a un grupo de seminaristas que por cierto ganaron un primer lugar nacional. También aceptaba ensayar las declamaciones en los concursos locales de poesía y oratoria en los que también obtenían preseas y primeros lugares.

Al Rinconcito, su querido rancho no regresó, dijo que le daría mucha tristeza no poder ver su casita blanca, los árboles, sus bellas flores. Para suplir el canto de los pájaros compró un gorrión y un canario, ella que antes no quería pájaros prisioneros.

Así pasó su discapacidad.

En el año de 1978, durante la cuaresma, el Grupo Movimiento Campesino, al que pertenecía, visitaba las comunidades para impartir pláticas cuaresmales, doña Carmen participaba. Al regreso de Serrano se puso muy enferma ya que le dio un coma diabético y ya no se levantó.

Más de un mes duró más cerca de la muerte que de la vida. Entonces sí sus hijos la atendieron día y noche, se turnaban para acompañarla, para no dejarla sola, para asistirla y ayudarla. Ella les estrechaba la mano, les escuchaba, les hablaba por su nombre, les agradecía todos los pequeños favores. Le encantaba le leyeran, ella que fue tan buena lectora, que les había infundido el hábito y el gusto por la lectura.

Le acompañó también en su agonía Tere Morales su más fiel amiga, el señor cura Eugenio, el padre Guizar, el padre Pepe y no la acompañaron las muchas personas que preguntaban por ella, porque sus parientes querían privacidad.

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